viernes, 27 de agosto de 2010

Tú, que eres yo misma

Desprendes una paz inmensa,
una dulzura infinita
y una quietud envidiable.
Tus ojos se mueven al ritmo de tus sueños,
tu boca entreabierta los delata,
tus manos buscan, dormidas, mi cuerpo.
Hueles a calor de casa,
a desayuno en pijama,
a mañana de domingo.

Eres la imagen alegre de mi vida.
El sentido de mi existencia.
La razón de mis días.
Una parte de mí misma
más importante que yo.
Mi propia vida.
Y todo eso durmiendo…
¡Imagina cuando despiertas!



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