miércoles, 19 de octubre de 2011

No voy a decirte adiós



Y al cielo se volvió la estrella que de allí cayó
para iluminar, aún más bella, nuestros caminos.
Se vistió de besos y lágrimas, de dolor y amor,
de “tequieros” que inundaron su último suspiro.
Y emprendió el viaje, así, completa y serena.

Pero no se ha ido, no, que va, no.
Sigue colándose jovial en cada momento.
En cada pensamiento está su cercanía,
su risa espontánea, su atención infinita,
su juventud desbordante y toda su alegría.

Y cuando la tarde arroja sus últimas luces,
ella enciende el horizonte como una centella,
tan curiosa que es la primera que se asoma
desde ese cielo al que volvió la estrella,
para iluminar aún más bella nuestros caminos.

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